Conocimiento y grandeza
Fecha: 22 de septiembre 2011
Lugar: Universidad de
Antioquia
Hay una diferencia de este
lugar al resto de los otros que tenemos encargados en la
etnografía y es que casi todos los días
interactúo con ella sin tener que pedir un permiso, pagar algún costo para entrar o reservar un tiempo para
visitarlo.
Mañana, tarde o noche, puedo
observar cómo es la relación del entorno con la fuente y como ella se ha
convertido en el centro de las atracciones de la universidad.
Mi observación comienza
todos los días cuando ingreso, por ejemplo hoy son las 7:00 am y la fuente se
encuentra en una completa calma, solo puedo ver una pequeña cantidad de agua en
el fondo con aspecto verde y desagradable, creo no solo yo lo noto porque veo
la mirada de unas cuentas personas que pasan por el lugar con aspecto
nauseabundo. Otros en cambio, ni siquiera
la determinan, solo se fijan los ojos en el pequeño pasadizo por donde cruza al
bloque once y vecinos.
Hoy 22 septiembre, como lo
he visto en otras ocasiones, ninguna persona se detiene alrededor de ella, hoy
nadie se quiere tomar una foto o solo sentarse en un borde a disfrutar de la
brisa que despliega la fuente cuando está en funcionamiento. Nadie quiere tener una relación, una
interacción o lo único que podrían
pensar es que en donde está el
señor que sería el encargado de darle vida y limpieza a nuestra mayor exponente
de orgullo. La fuente no toma vida, parece sin alma, parece solo una estructura
más de la universidad.
Desde la portería de
barranquilla, puedo ver su grandeza, en las primeras horas de la mañana, se
encuentra en su mayor esplendor. Tiene vida, y las aguas recorren el monumento
que se muestra con ímpetu de poderío. Ella, se convierte en el centro, no solo
por estar situada en la mitad de la universidad sino por su imponencia y
energía llamativa. Algunos le regalan una mirada, otros pasan corriendo porque
la brisa los puede mojar o en el caso de las chicas que llevan el cabello
aplanchado, que como por arte de magia, vuelve a sus ondas naturales.
Aparece Don Fernando, el
encargado del mantenimiento de la fuente. Se esmera porque nos solo esté
hermosa sino porque las aguas de su alrededor estén limpias. Me recibe con una
sonrisa y un aire de humildad, me cuenta
cosas de su vida y que lleva cinco años en este mismo trabajo, que hace la
misma rutina todas las mañanas.
Lo observo como limpia el
fondo de la fuente con una escoba, como saca el sedimento. También me permite
ver como limpia los excrementos de las palomas del espejo de agua que rodea la
biblioteca.
Como pocas veces en la
universidad, he sentido mío el monumento-fuente, me imagino cuando estaban
haciendo los planos, de cuántas personas colaboraron para su construcción, de
que sintieron cuando la vieron terminada. Me siento un tanto orgullosa, ya la
veo con otros ojos porque creo que es más que concreto.
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